Sunday, December 25, 2005 

Navidad








Mi naturalista personal me explicó que esos agujeros de la cuarta foto, tan extrañamente practicados los unos junto a los otros en amistosa vecindad, son de zorro, culebra y conejo.
Supongo que la amistosa vecindad es sólo aparente y nos parece más probable que haya sucedido aquí alguna cruenta batalla que ya sólo podemos imaginar.

Fueron tres kilómetros de paseo en la mañana de Navidad, entre la Fuente Tejera y la Fuente María, mientras otras personas que yo me sé se recuperaban del jolgorio al calorcillo de las sábanas.

Ellas se lo perdieron.

Olivos, muchos olivos, de ésos que nunca nos cansaremos de mirar.
Encinas nuevas, mal que le pese a la sequía.
Un mochuelito parado tan tranquilo en mitad de un sembrado; no pudimos fotografiarlo, estaba demasiado lejos, pero era una monería.
Musgo estrellado, abunda y no es especie protegida, a diferencia del otro: la naturalista dixit.
Acebo, gran descubrimiento porque yo no tenía la menor idea de que en mi tierra se criara el acebo, joder, una cosa tan nórdica y tan fashion. Pero ahí estaba, creciendo en los pedregales, mariconadas las imprescindibles: foto de arriba.
Loba, la perra de no sé quién, que siempre se escapa y se nos apuntó a la excursión.
Siemprevivas escarchadas, glaciares de juguete en los arroyos y ese cielo invernal del campo madrileño, que se convierte indefectiblemente en protagonista, con su inmenso silencio.

Cualquier cosa es posible en esa atmósfera infinita.
Hace poco hablábamos de reinventar la Navidad. Sugiero reinventarla en la Naturaleza; sugiero reinventar gran parte de la vida en la Naturaleza y descifrarnos en la religión más antigua.
Sin necesidad de intérpretes.

 

Que alguien me explique cómo...



...fue que Caperucita y Blancanieves se convirtieron en dos lobonas mu peligrosas.

Sucedió en once navidades de nada.

¿Qué se ha hecho de sus lazos, dónde han abandonado sus cestitas?. Pululan a su alrededor los enanitos y los animalitos del bosque, antaño tiernos amiguitos, pero ellas, volubles a la par que espabiladas, han hecho un pacto brujeril con sus hormonas y tienen a los animalitos atontaos.

Hay que ver... Ya no puede uno fiarse ni de los personajes de los cuentos infantiles.

Brindemos por ello con sorbete de cava...catalán, por supuesto.

(Como Don Mariano, qué cosas.)
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Img.- arriba Elena y Alicia; abajo Alicia y Elena. 1994-2005

Wednesday, December 21, 2005 

Un suponer



"Si tuviera polla...estaría en la cárcel" (Kimberly Kane)*
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Si yo tuviera pene lo usaría lo más a menudo posible, con todos los sexos, y empleando en la consecución de este objetivo prioritario todas las energías de mi mente, de mi cuerpo y de mi bolsillo. Junto con todas las triquiñuelas de que fuera capaz, que, sospecho, serían bastantes.

¡Tendría pene, oh, sí, tendría pene!. Los intrincados caminos de la vida me parecerían amables rosaledas; sus enojosas cuestas, primaverales paseos. Todos mis problemas hallarían solución. Porque poseería, más allá del bien y del mal, la íntima convicción de que cuanto me rodea sería susceptible de ser herido, dominado y, digámoslo sin ambages, jodido por mí.

Esto me haría sentir optimista y poderoso hasta extremos insoportables, deliciosos, orgásmicos; sobre todo aquellos días en que me despertara con una erección en marcha.

Mi vida entera giraría en torno a mi pene, ese hermosísimo ser vivo de naturaleza divina con que el destino me había premiado. Los afectos, las ideas, las creencias más sagradas que haya construído el ser humano a lo largo de su periplo histórico, ocuparían en mi existencia y mi intelecto sólamente los rincones accidentales que no interesaran a mi arma imperial.

O sea, que me la traerían floja.

Si de mí dependiera, yendo mucho más allá y echándole un poquito de paciencia, me follaría al mundo entero y sobre el mundo entero se extendería implacable la semilla de mi poder hasta el Fin de los Tiempos.

Sería -como dice el segurata Blas- el PUTO AMO.

Así, con mayúsculas, con fálicas y estatuarias LETRAS GORDAS, pero bien gordas y bien grandes.

Por todo lo cual, señoras y señores, porque yo soy así, de esta manera, la Madre Naturaleza -tan sabia ella- no me ha dotado de pene.

Y operarme a estas alturas, como que no.

En fin, que pene no tengo, pero a veces, cuando me cabreo, pongo voz de pito. Y eso es casi lo mismo, ¿no? .
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*.-Tomo esta frase prestada de Y el exhibicionismo

Tuesday, December 20, 2005 

La Fuerza de la Costumbre


Si por costumbre amé
por costumbre olvidé.
El amor y el olvido carecen de sentido.


Desde pequeño acostumbré
a nunca preguntar por qué,
despreciando los premios tanto como el castigo.

Si buscas algo en mí algo excepcional
te voy a desilusionar
no esperes nada nuevo de un hombre de costumbres.

Si por costumbre amé
por costumbre olvidé.
La fuerza de la costumbre es mi guia y mi lumbre.

Sin norte ni mitos que seguir
al capricho del azar crecí
como las hojas secas que el viento esparce por ahí.

Si por costumbre amé
por costumbre olvidé.
La fuerza de la costumbre es mi guía y mi lumbre.

Y si un día vuelves a llamar
te vas a desilusionar
vivo con la costumbre de no quererte nunca más.

Si por costumbre amé
por costumbre olvidé.
La fuerza de la costumbre es mi guia y mi lumbre.


Nada, que la estaba escuchando; de Gabinete Caligari. Y que es verdad que la fuerza de la costumbre es una guía y una lumbre. Hay que ser más fuerte de lo que se suele creer para adquirir la fuerza de la costumbre. Pero funciona. ¿Y por qué funciona?: pues porque te haces fuerte en ella.

Es igual que correr a trote cochinero: un, dos, un, dos...Y así, día a día, corres dos minutos, luego diez, luego quince, luego veinte... Después te paras a pensar un rato y dices, joder, pero si resulta que tengo la costumbre de correr.
Que hay que echarle huevos, si una se lo plantea, porque sale una a correr pisando barro helado algunas veces y con un biruji en los morros que acojonaría al más macho del lugar.

Y eso ya no es dar vueltas a una rueda como una rata de laboratorio.

Eso ya es otra cosa, me parece a mí, aunque tampoco las tengo todas conmigo sobre este particular.

Estoy divagando, ya.

¿O no?

La foto no es mía, sino de un tal Federico Barbagallo. http://fotoblog.fbarbagallo.com.ar/

Saturday, December 17, 2005 

Nocturno









Puertas cerradas, calles solitarias, palacios fantasmagóricos que se reflejan en el río.

Está helando.

Espectros borbónicos vagabundean a sus anchas entre los parterres.

Aspasia huye de la tentación de las galletitas caseras que dos almas gamberras fabrican en su cocina y las fotos nocturnas son la excusa. Bastante perjudicado tiene ya el cuerpo después de la cena y el bailongo festivo-laboral de la noche pasada.

Además, tiene la sensación de estar viviendo dos vidas.

Tiene más sensación de dualidad que nunca.

Como no puede parar de hacer cosas, parece que las hace pensando en ellas. Pero su mente está en otra parte, en un desván interior lleno de cachivaches que va tirando a la basura despacio, muy despacio.

A la altura de Pinto, Aspasia piensa en la herida del Rey Pescador, que no sanaba nunca. Esa poética y delicadamente sufriente imagen de la jodienda crónica que llevamos dentro.

Pero en Seseña ya hemos pasado página y pensamos (las dos, Aspasia y yo) en ratas de laboratorio, de ésas condenadas a girar en una ruedecita: una vuelta y otra y otra... tal vez hasta morir.

Claro, lo que pasa es que las ratas de laboratorio creen que no pueden parar de girar.

Porque son imbéciles, señoras y señores. Si se atrevieran a ejecutar un acto tan simple como quedarse quietas con todos sus santos cojones...¿qué pasaría?

Ah, sí... que nunca se descubriría la vacuna contra el cáncer.

¿O era contra la esquizofrenia paranoide?

¿O contra la incontinencia urinaria?

Bien, esto las ratas no lo saben, evidentemente. Es más, ni siquiera les importa. ¿Entonces qué?. Pues nada, entonces nada: de ahí su profunda estupidez.

Pero he aquí que una armoniosa voz radiofónica recita de pronto esta extraña salmodia:

-Un niño, un amor extraño, sangre en la hoja. Una palabra que no se puede decir. Un sacrificio. Una sonrisa vislumbrada a lo lejos. Las caras de un dado de piedra. Has perdido.

No sabemos qué significa.

Creemos que nunca lo llegaremos a saber.

Tuesday, December 13, 2005 

E-621


Atención a las etiquetas de composición de los alimentos.

El glutamato monosódico, E-621, del cual se produjeron un millón y medio de toneladas en el mundo en el año 2004, parece inhibir la acción de las neuronas que producen la sensación de saciedad. Por esta razón, su ingesta masiva podría provocarnos ataques de apetito insaciable que nos llevan a seguir comiendo "por vicio" aunque tengamos el estómago lleno.

"
No existen cantidades autorizadas ni límites impuestos a este saborizante, que incluso llega a sustituir a menudo a la sal por su agradable sabor y por incrementar la palatabilidad de los platos y los alimentos preparados", afirma Fernández-Tresguerres.
Pero su uso creciente en alimentos envasados podría tener efectos graves indirectos sobre la tendencia a la obesidad al aumentar la sensación de hambre, y a partir de ciertas cantidades, también podría tener efectos tóxicos sobre el organismo del consumidor. "Hemos realizado", explica Fernández-Tresguerres, "diferentes investigaciones con ratas adultas, en crías recién nacidas y en ratas gestantes, a las que hemos inyectado glutamato monosódico en altas dosis. En todos los casos hemos observado que modifica el patrón de conducta del apetito y la saciedad, y también hemos visto efectos neurotóxicos, mayores cuanto más inmaduro o vulnerable fuera el animal estudiado. Esa neurotoxicidad destruye partes del cerebro involucradas en el control del apetito y disminuye, además, la producción de la hormona del crecimiento, responsable de que haya más músculo y menos grasa. Y esto también lo hemos comprobado en ingesta por vía oral...

Los resultados se publicaron en mayo pasado en Annals of Human Biology, pero Fernández-Tresguerres advierte de que son aún muy preliminares y es preciso profundizar en la investigación: "Conviene ser muy cautos a la hora de analizar e interpretar estos datos", dice, pero añade que pueden ser importantes en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad, que se han triplicado en España en los últimos 25 años y ahora afectan a más del 30% de la población."

El E-621 se encuentra en muchos alimentos preparados, como las sopas de sobre, en aperitivos como patatas fritas, kikos, etc.; en las salchichas envasadas, etc. También se usa mucho en la cocina oriental.

Es cuestión de mirar las etiquetas.
Bien está que engordemos a gusto porque nos regalemos con chorizos y morcillas de pueblo a placer; pero no porque nos cuelen porquerías en el cuerpo. Las cifras de obesos se han disparado en los últimos años; me parece positivo que se analicen a fondo las causas, todas las causas, que pueden ser la vida sedentaria y la sobrealimentación, pero que también pueden ser otras menos evidentes y más truculentas.

Thursday, December 08, 2005 

Guau


Ando yo en estos cortos días algodonosa y meliflua.

Atrás queda mi ser abrupto, arrebatao como un par de huevos demasiado fritos. Me noto yo que ya no me enfado. Que me cuesta enfadarme. Que me hacen un feo y pienso: te dén por el saco, imbécil, no mereces la pena; y a otra cosa.

Y que tengo ganas de dar besos. Pero no de los de "muchos besos", sino de los de MUCHO beso.

No por los demás, sino por mí. Porque a mí me alimentan los sobeteos, ¿qué pasa?. Si me atreviera, le daría más de un lametón a la peña, como un chucho.
Sí, me estoy convirtiendo en chucha.
Ya he sido rana, topo, vaca y otros animalejos.
Ahora toca chucha.

Y en fin, que a mí la Navidad me la refanfinfla. Pero que aquí estamos otra vez, a unas horas de que la condoncilla mayor cumpla los dieciséis, y eso mola, vaya si mola.

Y que dentro de poco vienen unos días de hacer el vago y desparramarse
Y que he comprado hoy unos adornos rojos muy chulos, así como de festividades entrañables de mujer fatal. De chucha fatal.

Voy a pelearme un rato con la gata, que es lo que pide mi nueva condición.
Aunque no sé, porque es tan vaga que lo mismo me dice guau para que me calle y la deje tranquila.

Monday, December 05, 2005 

Frutos Incandescentes





Todavía estos días se puede pasear por Madrid recolectando ciertos frutos incandescentes que ahora penden de los árboles. Después del puente comenzará el caos navideño y ya sólo se podrán recolectar pisotones.

Salimos pues, y el paseo fue larguito: Príncipe Pío--->Plaza de España--->Gran Vía--->Fuencarral ida y vuelta--->Gran Vía otra vez--->Alcalá--->Recoletos--->Atocha.

Yo creo que cinco kilómetros sí cayeron.

He de decir que nos ayudó un estratégico café irlandés a medio camino y que nos motivaron los cuerpos serranos de ciertos transeúntes de uniforme que nos tropezamos, los cuales señores no eran bomberos pero vive Dios que podrían haberlo sido.
Bueno, estas cosas me ayudaron a mí, porque las otras dos son maratoneras de pro y no necesitaban ayuda ni ná.

Yo, pobre de mí, sólo soy ese entrañable personajillo que, en todo grupo humano, se encarga de ir dando por saco con la camarita. :-D

Friday, December 02, 2005 

Relato de Condona


Por gentileza de Condona, un bonito y "entrañable" relato navideño.

Canción (mediocre) de Navidad

Las almas de los inocentes se arremolinaban en corrillos. Estaban muy nerviosos; empezaban a llegar, con cuentagotas, noticias del mundo mortal. Y con cada nuevo rumor el nerviosismo se acrecentaba.

El limbo estaba en pie de guerra, y es que una cosa es que los niños que morían sin ser bautizados fueran al limbo y otra muy diferente que allí, en el limbo, se quedaran en perpetuo estado de neonatos.

Del limbo había muchas cosas que el general de la población desconocía y una de ellas es que la naturaleza es imparable, razón por la cual las almas crecían, se desarrollaban, maduraban y por último morían como todo quisqui. Otra cosa que sólo algunos atisbaban, era que, al ser castos y puros, en el limbo no había relaciones sexuales; por lo tanto, se quitaban de encima problemas como el puerperio y la cuarentena, la depresión postparto y las revisiones periódicas al ginecólogo. De lo que no se escapaban en las casas cuna del limbo era de los cólicos de lactantes, varicelas y resfriados varios. Mayormente porque el limbo de lo único que se abastecía era de los recién nacidos.

Y es que la noticia que soliviantaba a los residentes en el Limbo no podía ser más alarmante. Querían cerrar el Limbo. Después de siglos de tradición, ahora llegaba un Papa que daba orden inexcusable de cerrarles el garito. Y en vísperas de Navidad. Los más exaltados de los limboitas ya estaban preparando un sinfín de pancartas de protesta, y planeaban una macromanifestación que saliera de las puertas del Averno para ir a terminar en la entrada principal del Cielo, donde se leería un manifiesto contra el cierre del Limbo.

Las nodrizas de las casas cuna se estaban volviendo locas, los recién llegados no hacían nada más que protestar, ¿ dónde se iban a ir ahora, con el trabajo que les había costado encontrar el sitio? ¿ Allá donde les mandaran, después del desahucio, tendrían los mismos derechos adquiridos? Los más tranquilos o conformistas se consolaban asegurando que esa noticia era poco menos que imposible.

Pero todos se quedaron pasmados cuando el alguacil del limbo puso un cartel en la puerta; con evangélicas letras se avisaba que en breve el Limbo cerraría sus puertas por orden gubernamental. A continuación, el alguacil continuó colgando adornos navideños aquí y allá.

Mientras, en uno de los corrillos más revolucionarios, apartado un tanto de los demás corrillos, se tramaba una de las mayores felonías pensables.

Tenemos que hacerlo bien, sin que nadie se dé cuenta.
¿Tú crees que podremos hacerlo?
Si lo planeamos despacio nada puede fallar, somos muchos y estamos muy concienciados con el problema.
Pues ya podéis espabilar porque nos queda de todo menos tiempo – observó con bastante acierto un golusmero que prestaba más atención a las conversaciones ajenas que a sus cosas.
Tú, mejor harías en callarte y no meterte en lo que no te interesa; puedes sufrir un accidente.........

El golusmero se apartó prudentemente del corrillo y se escaqueó del resto de las conversaciones con disimulo. Lo poco que había llegado a escuchar no vaticinaba nada halagüeño; estaban planeando algo muy gordo y en Navidad. No es que lo que planeaban fuera algo nuevo, ya en otras ocasiones el Limbo había intervenido en asuntos terrenales cambiando el curso de la historia para su propio beneficio; como cuando uno de ellos fue encomendado para cambiar la pastillita de un Papa un poco pelma por otra no tan .......... beneficiosa. Pero en Navidad... en Navidad jamás, ya podría pasar lo que fuera, que tales fechas eran sagradas. Aunque también es verdad que noticias como la que ahora se planteaba tampoco se habían dado hasta entonces.¿ En qué mente surrealista cabía el clausurar el Limbo, dónde suponía esa mente que se iban a mudar.?Aunque, pensándolo fríamente, la casa no la hace el sitio sino los habitantes y allá donde se mudasen el Limbo iría con ellos. So pena de que lo que les estuvieran quitando era el mismo concepto de la existencia del Limbo.

Se detuvo a medio camino de su casa: ese último pensamiento no hacía nada más que dar vueltas a su inocente y casta mente. Quizás él no había entendido en toda su importancia el aviso de clausura del Limbo y otras cabezas más dotadas si habían adivinado las repercusiones. Pero aún estando tan cerca de la realidad, se negaba a si mismo siquiera la existencia de tal concepto y mucho menos en Navidad. Navidad era el tiempo de la dicha y la felicidad, en Navidad llegaba menos gente al Limbo por eso del amor fraterno. Tenían tiempo para decorar el celestial lugar con un sinfín de adornos, miles de bolitas refulgentes colgando de las nubes, sonrientes Papa Noel montado sobre sus trineos en un eterno galopar de renos que recorrían todos los caminos del Limbo felicitando las pascuas a los viandantes. Cientos de abetos, uno en cada esquina de cada casa cuna cantando alegres villancicos mientras movían sus copas al ritmo de las cantinelas navideñas. La Navidad, pensó: el tiempo de amor y fraternidad. ¿ Qué significaría para ellos el Limbo si en tales fechas acontecían hechos tan execrables como del que se suponía iban a ser injustos beneficiarios?

Y en ese momento se le ocurrió, o quizás siempre estuvo en su mente. Miró a hurtadillas a su espalda, temeroso de que alguien le pudiera adivinar el pensamiento. Desde chico había oído leyendas sobre los malos pensamientos, les habían contado, en las clases de moral y sexualidad compulsiva que impartían los sábados en la casa cuna, que el diablo podía leer sus pensamientos y que andaba escondido detrás de las esquinas para enganchar por el pescuezo a los que tenían pensamientos impíos y llevárselos a rastras al Infierno. Porque el diablo lo que más atesoraba era un habitante del Limbo que se hubiera corrompido. La verdad es que nunca había visto al diablo secuestrar a un limboita corrupto, pero siempre había alguien que contaba que algún conocido suyo le había contado que había sido testigo del castigo infernal.

Por si las moscas, alejó el pensamiento de su mente; debía de hacer las cosas sin meditarlas, a la buena de Dios y es que, desde que Dios había muerto de unas viruelas locas, todo se hacía de esa manera. Al pasar junto a uno de los recién colocados adornos navideños, agarró el hacha del leñador que cantaba alegre “Campanas sobre campanas”; la verdad es que la figurilla de momento se enfadó, pero, con eso de que no tenía otro oficio ni otro beneficio, continuó cantando su letanía alegremente, haciendo como que partía leños. Entre pensamiento fatuo y pensamiento insustancial, se le vino a la mente que esto probablemente no sería cosa de una sola persona, que su acto debería de extenderse más allá de sus primeras intenciones. Aunque se consoló con la ocurrencia de que ¡Total, ya puestos!.
La víspera de Nochebuena las campanas de las diferentes iglesias no replicaron a misa, nadie salió a dar de comer a los pobres negritos que mendigaban su torta de harina a las puertas de las misiones y nadie descorrió las cortinas de la habitación papal en el Vaticano para dar la bendición. No hubo ninguna monjita ursulina que encendiera el horno para cocer las rosquillas de Pascua y tampoco ninguna monjita clarisa recogió las docenas de huevos que fueron amontonando durante todo el día las novias en capilla, para que no lloviera en el día de su boda. Tampoco es que nadie se apercibiera de esas faltas, salvo alguna vieja que, después de pasar un frío del demonio para llegar a la iglesia a escuchar la misa del Gallo, se encontró las puertas del templo cerradas a cal y canto; ellas y los operarios de televisión, que se quedaron con dos palmos de narices en la puerta de la Almudena cuando nadie salió para abrirles la catedral para poder colocar las cámaras para la misa de Navidad.

El golusmero volvió al Limbo arrastrando el hacha, ensangrentado de pies a cabeza y con la mirada perdida. Allí le esperaba Lucifer. Claro que la cara del demonio no era sino todo un poema, entre la ira y la estupefacción. Desde luego, pensó Lucifer, estos del Limbo están como una cabra. Cuando Dios vivía, siempre le había aconsejado que aboliera la institución, que iba contra natura que cientos de miles de niños se educaran sin ningún tipo de ley y además... esa manía tan tonta que tenían de secuestrar ángeles y diablillos, disfrazarlos ridículamente y repartirlos por todo el Limbo entonando canciones chorras o haciéndoles saludar con alegría y entusiasmo a todo paisano viviente. Él sabía que algo así iba a pasar, pero Dios se empeñaba- en el fondo había sido un romanticón toda su vida- en mantener aquel sitio abierto. Sin embargo, lo que más fastidiaba a Lucifer y lo que más ira le producía es que, por culpa de aquel animal del hacha, había tenido que dejar para otro rato a la voluptuosa rubia que acababa de descender al Infierno después de tener que suicidarse por no sabía qué historia con un cantante famoso; y es que la moza prometía en serio. Después de cenar con su suegra en Nochebuena, la rubia iba a ser un buen postre. Pero allí estaba, esperando a que regresara el bestia que había acabado en día y medio con todo el clero o lo que oliera a clero de toda la tierra y encima en Navidad.

¡Inconcebible!

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