Fuego







Me caen gordísimas las fiestas de Leganés. Será que yo no participo en ellas pero, en cambio, sí que sufro sus efectos adversos, como las pandillas de lelos que pasan armando escándalo por la calle durante toda la noche.
Por salvar algo, aquí los fuegos artificiales de anteayer desde mi terraza.
Los fuegos artificiales que más me han gustado en mi vida fueron unos que ví a lo lejos, desde el coche, una tarde -casi noche- en que iba conduciendo sola por una carretera secundaria. Debían ser de un pueblo en fiestas que estuviera situado a muchos kilómetros; no oía el ruido, sólo podía ver las pequeñas explosiones multicolores, muy pequeñitas, allá sobre el horizonte.
Estos no son tan poéticos, sólo que han quedado muy pop.