Sandwich

En lo que veo dos temporadas de House enteritas -que mi hija la hacker ha obtenido sepa Dios por qué medios lícitos o ilícitos, decentes o de los otros- he inventado un sandwich que me hará pasar a los anales de la Historia del Sandwich, por su delicioso sabor, la sencillez de sus ingredientes y lo ameno de su preparación. Posee vitaminas, calcio, hierro, potasio, muy pocas calorías... Y, sobre todo, le adorna una porción de pecaminoso infierno en forma de pimentón picante.
¿Qué sería la vida sin los diabólicos polvitos rojos que despiertan nuestro lado oscuro, eh?
Una sosez.
Bueno, otro día hablaré de mi lado oscuro.
Gracias por House, Señor, gracias por el pimentón y nada de gracias por el dolor que siento al apoyar el pie, el cual me mantiene postrada haciendo reposo y apartada del mundo -dicho sea sin ánimo de plagiar a Salomé-, el cual dolor va a ser una fascitis plantar, como si lo viera.
A ver qué se cuenta el traumatólogo la próxima semana.
Y ahora el sandwich, al que aún no he bautizado:
Tomar dos rebanadas de pan integral y untarlas con queso de untar. Queso de untar del que sólo es queso de untar, nada de al perejil ni a la pimienta ni al bla bla. Yo lo uso light, por mis cosas, pero bueno: queso de untar es, al fin y al cabo.
Sobre el queso (de untar) untado en las rebanadas, espolvorear pimentón picante.
Cortar rodajas de tomate y de huevo duro y colocarlas encima de una de las dos rebanadas de pan untadas con queso (de untar) y espolvoreadas con el pimentón.
Sólo encima de una.
Si las colocáis encima de las dos, al cerrar el sandwich se cae todo y vuestra hija la hacker se ríe cruelmente de vosotros, aprovechando para socavar un poco más vuestra autoridad.
Colocar acá y acullá, sobre las rodajillas, lechuga tipo iceberg (este es el detalle glamuroso) y un poquito de cebolleta.
Cerrar -por fin- las dos rebanadas, situando la que no tiene cosas sobre la que sí tiene cosas.
Comer.
Acompañar de Aquaiiiiiiriuuuuus bien frío, cosecha del 92.